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Sexualidad 2.0: Redes Sociales, Apps y un nuevo paradigma

21 octubre, 2014

Los seres humanos somos seres sexuales, un hecho que nos define de una forma radical biológica, psicológica y socialmente. Al contrario que muchas especies en el reino animal, nuestra sexualidad no se rige por ciclos, lo cual hace que nuestro impulso sea más o menos permanente y que busque satisfacción de forma constante. Todas las culturas humanas desde tiempos remotos han tratado de explicar, regular y en ocasiones controlar el impulso sexual mediante admoniciones que van desde lo religioso hasta lo puramente civil, pasando desde el extremo más prohibitivo hasta el jubiloso y celebratorio. En la era del 2.0, estamos asistiendo – como no podía ser de otra manera – a una redefinición de la sexualidad cuyas consecuencias comenzamos a vislumbrar y sentir a todos los niveles.

El término ‘revolución sexual’ (quizás ‘liberación sexual’ sería una definición más apropiada) se suele aplicar al profundo cambio experimentado en la moral y práctica sexuales de la población en la segunda mitad del siglo XX especialmente en Occidente. Sin embargo, el advenimiento de la Era Digital ha supuesto por así decirlo la consumación de dicha revolución gracias al papel que las redes sociales primero y las apps para dispositivos móviles después han jugado para que el establecer contactos (en ocasiones puramente sexuales) sea más fácil, rápido, cómodo y anónimo que nunca. Y las cifras no dejan lugar a dudas: redes sociales del llamado ‘flirteo online’ como Badoo llevan ganando una media de 100.000 nuevos usuarios al día desde el año pasado y suman varios millones de usuarios en España.

sexo en redes sociales

¿En qué se basa el exitoso modelo de la red social fundada en Londres en el 2006 y otras similares?

Básicamente en que permiten crear perfiles que indican claramente si lo que se busca es simplemente chatear, hacer amistades o ‘una cita’ (esto último ha hecho que esta red sea conocida vulgarmente como un ‘picadero virtual’ o que podamos medir ‘niveles de flirteo’ por países). Dichos perfiles pueden ir acompañados de todo tipo de imágenes, incluyendo las más explícitas, así como de una descripción del usuario, sus intereses y gustos, etc.

Pero sin duda el gran factor de éxito que está cambiando la forma en la que muchos se conocen y relacionan es la geolocalización: jamás fue más sencillo el encontrar personas que nos atraigan y con las que compartamos intereses cerca de la ubicación en la que nos encontremos y desde nuestro dispositivo móvil. Siempre, claro está, que no estemos tratando con un perfil falso o cuya información no sea veraz: abundan aquellos con fotografías trucadas o tan anticuadas que no representan al usuario tal y como realmente es en la actualidad. De ahí las decepciones que a veces ocurren en el a la vez ansiado y temido momento de la ‘desvirtualización’.

Si Badoo permite registrarse en Internet y puede ser operado desde un PC, Grindr representa por así decirlo un nuevo salto evolutivo de una red social que sólo puede ser operada como ‘App’ tras haber sido descargada en nuestro Smartphone o tablet. Orientada específicamente a la comunidad homosexual y GLBT y con cerca de ocho millones de usuarios en todo el mundo, Grindr simplifica aún más las opciones de Badoo (con tan sólo una foto de perfil y un breve mensaje de presentación) y tiene un carácter marcadamente sexual: sus usuarios buscan mayoritariamente encuentros sexuales (de los que por supuesto, pueden surgir amistades y relaciones a posteriori). Actualmente su versión de pago permite cargar y visualizar hasta 300 perfiles que pueden estar en un radio de unos 40kms siempre localizados mediante GPS. Con una interfaz sencilla e intuitivita que va renovando perfiles según nos desplacemos, Grindr ejemplifica el poder y la utilidad de los dispositivos móviles y de otra revolución – la que definí hace unos años como ‘revolución móvil’ – que ya es una realidad entre nosotros.

Las múltiples consecuencias sociológicas de la proliferación de estas redes y apps traen consigo un nuevo paradigma en la forma en que muchos viven y experimentan su sexualidad. De entre los aspectos positivos podemos destacar la facilidad de entablar al menos un primer contacto inicial, de clarificar y negociar intereses mutuos y de que el sexo se convierta paradójicamente en una puerta de entrada a lo que posteriormente puede transformarse en una amistad o en una relación. La marca personal de muchos incluirá ahora un aspecto más sexualizado, y muchos habrán de contar con fotos o videos para tal fin que nunca compartirían en una red social ‘tradicional’ como Facebook, etc. o incluso por un canal como Whatsapp (las fotos de Grindr, por ejemplo, no pueden ser descargadas fuera de la App).

¿Fomentan Badoo, Grindr y otros una mayor promiscuidad?

Sin duda, ofrecen el canal y la tecnología adecuadas para que esta se pueda producir. Pero finalmente, corresponde al usuario el establecer sus propios límites y sus propias condiciones. La promiscuidad sexual, es cierto, acarrea consecuencias negativas conocidas por todos, como las enfermedades de transmisión sexual o ETS y otras. Pero, ¿acaso no las atraen también (aunque de otro tipo bien diferente) las relaciones “tradicionales”? Es precisamente a un uso idiosincrático y responsable de estas redes y apps a lo que muchos apelamos, reconociendo su valor y afirmando que no hay vuelta atrás en esta nueva ‘sexualidad 2.0’ que cada uno viviremos y experimentaremos desde la única autodeterminación vital y filosóficamente real (tal y como ha señalado en alguna ocasión Fernando Savater): la individual. Donde haya seres humanos, habrá sexo y sexualidad: los social media no iban a ser diferentes. Aprendamos a vivir con y a disfrutar de esta realidad.