Soyunamarca

Las marcas no son solamente denominaciones o logos: también pueden ser colores

16 octubre, 2017
marcas son colores

Cuando hablamos de marcas, generalmente nos vienen a la cabeza logotipos, isotipos o simplemente palabras. Lo más usual es que el consumidor asocie un origen empresarial con una denominación o una imagen. Pero hay ocasiones en que el derecho de marca de una compañía no se limita a una palabra o a un logotipo. Nuestra legislación, tanto nacional como europea, define “marca” como todo signo que sirva en el mercado para distinguir los productos y servicios de una empresa de los de otras (no entraremos aquí a valorar el requisito de representación gráfica en la solicitud de registro ). La clave radica en la capacidad de diferenciación, o aptitud distintiva de la marca.

En esta amplitud del concepto de “signo” caben muchos más tipos de símbolos que, exclusivamente, logos o denominaciones. En este caso hablamos de colores. Sí, colores, en sí mismos considerados. Un color puede constituir marca registrada y puede pertenecer en régimen de monopolio (totalmente lícito y permitido) a una determinada empresa.

Algunos ejemplos reales, de los más característicos, de registros de marcas de color en la EUIPO (Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea) son:

Kraft Foods

Expediente nº 31336, registrado para distinguir chocolates (www.milka.es).
Kraft Foods color
milka colorVictorinox AG

Expediente nº 2087005, registrado para distinguir cortaplumas (www.swissarmy.com).

Victorinox AG color

Victorinox AG navaja suiza

Red Bull GmbH

Expediente nº 2534774, registrado para distinguir bebidas energéticas (www.redbull.com/es-es/).
Red Bull GmbH color
red bull lata

Duracell Batteries BVBA

Expediente nº 8148934, registrado para distinguir pilas y baterías (www.duracell.es).
Duracell Batteries colorpilas duracell

Deere & Company

Expediente nº 63289 , registrado para distinguir máquinas de trabajo agrícolas (www.deere.es).

Deere & Company colorDeere & Company verde amarillo

 

Llegados a este punto debe recordarse que el registro de marca otorga a su titular un derecho exclusivo (y excluyente) de utilización en el territorio de protección y para los productos o servicios designados, de forma que, salvo que el propio titular autorice su uso a terceros (a través de licencias), él es el único autorizado a utilizar tal signo.

Así, no es nada disparatado argumentar que la concesión de un derecho de exclusiva a una compañía sobre un determinado color puede resultar desproporcionada, y hasta peligrosa para la libre competencia. Es razonable llegar a pensarlo. Pero no deben olvidarse dos factores:

  • Las marcas distinguen productos y servicios concretos. Una marca se registra para cubrir una serie de productos y servicios determinados (agrupados por clases en la Clasificación Internacional de Niza ). Y si una marca no es usada para los productos que distingue, después de un determinado plazo de tiempo, puede llegar a ver caducado su registro. Así, el monopolio legal otorgado a una empresa sobre un color se ciñe exclusivamente al producto o servicio que se designe con ese color.
  • Es extremadamente difícil que el consumidor asocie un color con un origen empresarial. Cualquiera de nosotros, si intentáramos solicitar el registro del color de nuestra empresa como marca, veríamos, con casi total seguridad, denegada su concesión. Lo habitual en la práctica, por la propia naturaleza de los colores (que, salvo excepciones como éstas, deben permanecer a la libre disposición de todos), es que las oficinas de registro requieran prueba evidente, en el momento de la solicitud, de que el mercado asocia ese color con esa compañía, para esos productos. Es lo que se conoce como distintividad adquirida por el uso (es decir, no intrínseca al signo), distintividad sobrevenida, o, en inglés, “secondary meaning”. Digamos que, si una empresa ha desempeñado tanto esfuerzo (e inversión) para que el consumidor identifique su color con ella, y tiene semejante asentamiento en el mercado, es merecedora de obtener la protección.

La complejidad del asunto no queda aquí si afirmamos que también puede tenerse un derecho de marca sobre una forma tridimensional, sobre un sonido, o incluso sobre un movimiento. Quizá lo tratemos en otro artículo. Hasta entonces, seguro que se os ocurren más colores distintivos además de los ejemplificados aquí.

 

Autor invitado: Javier Serrano de Bamboo.legal