Por décadas las marcas han interrumpido nuestras actividades favoritas (ver un programa en televisión, escuchar la radio, leer la prensa,…). Estaban allí cuando no las esperábamos, no éramos su audiencia, pero alguna, a fuerza de repetición de su mensaje, nos hacía caer en sus garras. El contenido estaba allí y venía en una sola dirección, no podíamos verlo de nuevo si estábamos interesados, no podíamos compartirlo si lo veíamos interesante y, sobre todo, no podíamos hacerlo nuestro.
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Últimamente he oído cosas como que las redes sociales están acabando con los blogs. Nada más lejos, los blogs han evolucionado, se han profesionalizado y blogueros de todos los temas utilizan las redes sociales para trasmitir sus contenidos, lo cual es positivo porque los mejores posts llegan a todo el mundo.

A menudo muchas pequeñas y medianas empresas piensan que el 














